PSICÓLOGOS Y TORTURA: Notas sobre la batalla por el futuro de la psicología


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Gabriel Saldarriaga1

1 Candidato al título de Magíster en Sociología con énfasis en investigación social en la City University of New York (Estados Unidos).

Resumen

Los conceptos modernos occidentales de autonomía, de igualdad y derechos, se pueden entender como el resultado de un largo proceso histórico de sensibilización. Esta sensibilidad moderna fundada en sentimientos de empatía e identificación con las experiencias de otros seres humanos se vio amenazada, a principios del siglo XXI, después de los atentados en Nueva York, por una nueva posición que promovía no la igualdad sino la diferenciación cultural y la deshumanización del enemigo. En la formación de esta nueva política participaron algunos psicólogos y la Asociación Psicológica Americana (APA). A causa de las posiciones que tomó la APA un grupo de sus miembros decidieron transformarla internamente. Este ensayo pretende contar a largos trazos esta historia.

Palabras Clave: APA, Psicología, Tortura, Derechos Humanos, Ética.

Abstract

The modern concepts of autonomy, equality and rights, can be understood as the result of a long historical process of sensitization. This new sensitivity based on feelings of empathy and identification with the experiences of other human beings was threatened in the early years of the twentieth one century after the 2001 terrorist attacks in New York by a new position that promoted not equality but rather cultural differentiation and the dehumanization of the enemy. Some psychologists and the American Psychological Association took part in the formation of this new policy. In order to confront the APA’s position a group of its own members decided to transform the Association internally. The purpose of this essay is to tell that story.

Key Words: APA, Psychology, Torture, Human Rights, Ethics.

”Military necessity does not admit of cruelty.” Orden General No.100, firmada el 24 de abril de 1863 por el President Abraham Lincon ”We have to work the dark side, if you will. We’re going to spend time in the shadows in the intelligence world. A lot of what needs to be done here will have to be done quietly, without any discussion, using sources and methods that are available to our intelligence agencies.” Vicepresidente Dick Cheney Meet the Press, Sept 20012

1. La invención de los Derechos Humanos

Como producto de la transformación geográfica, demográfica y social de Europa después de la Edad Media, nuevas sensibilidades se formaron dentro del alma europea; especialmente se pueden destacar dos: una sensación de autonomía y el desarrollo del sentimientos de empatía.

Esta lenta transformación en la sensibilidad de los europeos, que se venía desarrollando desde finales de la Edad Media, se aceleró súbitamente y a mediados del siglo XVIII se hizo manifiesta en variedad de prácticas culturales; podemos indicar dos: la popularidad de la novela, principalmente de la novela epistolar; y en una nueva sensibilidad en contra de la tortura (Hunt, 2008).

En la segunda parte del siglo XVIII, las torturas, como parte del proceso judicial y las formas más extremas de castigo corporal, comenzaron a ser consideradas cada vez más como prácticas inaceptables, pertenecientes a un régimen avejentado, decadente e incivilizado. En los albores de una ”nueva época” una idea revolucionaria tomó forma, la idea de que todos los seres humanos somos iguales y tenemos los mismos derechos. Este nuevo concepto de igualdad y la reciente actitud en contra de los castigos crueles se manifestaron, no solo en las opiniones y la cultura de la época, sino también en políticas y legislaciones. En palabras de Thomas Jefferson, la idea de que todos los hombres somos iguales, es una ”verdad autoevidente”. La Declaración de Independencia Norteamericana de 1776 declara: ”Sostenemos estas verdades como auto-evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, que entre estos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.”3

”En la segunda parte del siglo XVIII, las torturas, como parte del proceso judicial y las formas más extremas de castigo corporal, comenzaron a ser consideradas cada vez más como prácticas inaceptables…”

Jefferson, más adelante, participaría con algunos de sus amigos en París, incluido el marqués de Lafayette, en el desarrollo de un documento que declaraba los derechos de los ciudadanos franceses; sin embargo, este trabajo tuvo que ser suspendido debido a la toma de la Bastilla.

Si antes de la caída de la Bastilla, en los círculos políticos franceses, se hablaba ya constantemente de la necesidad de una declaración de los ”derechos del hombre”, esta necesidad se hizo aun más urgente en plena revolución.

En agosto 27 de 1789 los diputados de la Asamblea Nacional Francesa adoptaran los 17 primeros artículos, de 24 en discusión, como la Declaracion de los Derechos del Hombre y Ciudadano. En este documento se definieron como ”naturales, inalienables y sagrados [los] derechos del hombre”. Además estos se consideraron el fundamento de cualquier gobierno.

”…con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, basada en la declaración de 1789, se le dio finalmente a la tortura un marco de completa ilegalidad, lo que, claro está, no detuvo su uso”

Con la creación de los derechos del hombre, la tortura dejó de ser una de las formas teatrales de castigo que se aplicaba en la Edad Media, y pasó a formar parte de las técnicas modernas de producción de la verdad, otorgándoseles un espacio dentro de las disciplinas del conocimiento. Siglo y medio más tarde, en 1948, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, basada en la declaración de 1789, se le dio finalmente a la tortura un marco de completa ilegalidad, lo que, claro está, no detuvo su uso.

A todo lo largo de los siglos XIX y XX encontramos estados liberales practicando formas de tortura como instrumento para amedrentar, obtener información o confesión por parte de retenidos. Y no ha sido poco común tampoco la participación de personas de ciencia en su diseño y aplicación; aún después de la creación, al final de la Segunda Guerra Mundial, de códigos de ética que demarcaban el lugar de científicos y personal médico en la guerra y en la sociedad. Estos códigos fueron la respuesta de la comunidad científica a las atrocidades del gobierno nacionalsocialista alemán que, buscando consolidar su proyecto imperial, hizo uso de la ciencia, principalmente de la medicina, para experimentar con formas crueles de dominación de los cuerpos. En estos códigos de ética, médicos y psiquiatras, por su juramento hipocrático, se comprometieron, al igual que los psicólogos, en no hacer daño a otros seres humanos. Pero estas promesas se rompieron rápidamente y es ya larga la historia de profesionales de la medicina, la psicología, el psicoanálisis o la antropología que han prestaron sus servicios a causas políticas o institucionales que ejercieron actos de tortura contra otros seres humanos.

Pero aunque Estados y científicos nunca dejaron de hacer uso de tratamientos crueles para cumplir sus fines, nunca la ilegalidad de la tortura, la repugnancia hacia ella y la creencia en la autonomía e igualdad de los seres humanos fueron seriamente amenazadas, hasta el 11 de septiembre de 2001. En la primera década del siglo XXI, con la legalización, por parte de los Estados Unidos, del uso de algunas técnicas de tortura en el interrogatorio de detenidos, por primera vez en dos siglos desde la invención de los derechos humanos, la larga tradición de considerar como ilegal la tortura estuvo en peligro. De esta amenaza participó, con sus posiciones, la asociación más importante de psicólogos del mundo, la American Psychological Asociation (APA).

2. Nuevas políticas para nuevas sensibilidades

Después de los ataques de 2001 el gobierno de los Estados Unidos rompió con la institucionalidad internacional, declarando una guerra ilegal que produjo destrucción, detenciones arbitrarias y evidentes casos de tortura. En el marco de la guerra contra el terrorismo, la lucha contra redes de células terroristas demandó la producción rápida de información de inteligencia que permitiera desarticular y prevenir futuros ataques. Para obtener esta información vital, en los interrogatorios de prisioneros, se dejó de lado el tradicional y paciente proceso de ganar la confianza y cooperación del detenido, a favor de la inmediatista filosofía de extraer toda información posible por medio de quebrantar su personalidad con malos tratos y torturas. Este nuevo modelo de interrogatorio se aplicó sin consideración del detenido, ni de las leyes internacionales que declaran que torturar es un crimen contra los derechos humanos castigado por la Corte Penal Internacional (CPI).

Al renegar de la legislación internacional que no le era conveniente y de legalizar algunas prácticas definidas como tortura, los Estados Unidos crearon una separación formal entre la legalidad norteamericana y la legalidad internacional. En este limbo legal algunas agencias e instituciones como la CIA y el ejército solicitaron a psicólogos militares la creación de nuevas técnicas de inteligencia e interrogatorio que fuesen más ”eficientes”. En la creación de esta nueva política de interrogatorio ya no fue importante considerar si se rompía o no con los límites trazados por las leyes internacionales de protección de prisioneros, las que, paradójicamente, habían sido promovidas por los mismos Estados Unidos y que fueron precisadas en la Convención de Ginebra.

Los Estados Unidos habían sido fundados sobre los ideales de la tradición ilustrada y romántica europea del siglo XVII, y la defensa de la libertad y los derechos humanos eran el sentido propio de su existencia. Aceptar y legalizar la tortura estaba en contra de su propia historia y tradición. Contradicción mejor expresada por la periodista Jane Mayer en su libro The Dark Side. The Inside Story of How The War on Terror Turned into a War on American Ideals: ”Como parte de la guerra contra el terror, por primera vez en la historia, los Estados Unidos han autorizado que oficiales del gobierno atormenten física y psicológicamente a detenidos, haciendo de la tortura la ley oficial del país, en todo menos en el título.” (Mayer, 2008, p. 8.)

Sobre este punto es posible reintroducir una perspectiva histórica. Si como consecuencia de un proceso de ”sensibilización”, a partir de la identificación con el dolor de los otros, con sus penas, dramas y tragedias fue dable que surgiera la idea de unos derechos comunes, es posible, igualmente, que por vía de un proceso de insensibilización, de separación e individuación cultural esta misma idea pierda su fuerza de ”autoevidencia”. Como efecto, entonces, de los atentados de septiembre 11, y como resultado de la implementación de una política de miedo y tortura, tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo, esta antigua sensibilidad se vio amenazada y desplazada a favor de una sensibilidad gregaria, de diferenciación y rechazo que lleva a ver a los otros (islámicos, extranjeros, inmigrantes, indígenas, pobres) como seres extraños, como posibles enemigos. La promoción de estos sentimientos gregarios coincidió con la reactualización de prácticas que habían sido reprobadas en tratados internacionales como ataques a la humanidad, lo que, aunque no había detenido su uso, permitía un norte moral para rechazarlas y juzgarlas. Esta sensibilidad y prácticas de deshumanización fueron traducidas en los Estados Unidos en medidas judiciales que las sustentaron política y legalmente (es bueno anotar que en este caso primero se torturó y luego se legalizaron las prácticas). De este proceso de reactualización, legalización y aceptación social de la tortura hicieron parte no solo abogados y político sino también algunos psicólogos.

A mediados de 2002 algunos psicólogos, trabajando para la CIA y algunos órganos militares norteamericanos, transformaron el programa SERE (Sobrevivencia, Evasión, Resistencia y Escape) de la Fuerza Aérea en un nuevo programa de interrogatorio extremo que se aplicaría en la recién declarada guerra contra el terrorismo. Así, técnicas que eran utilizadas para entrenar soldados en sobrevivencia en caso de ser capturados por fuerzas enemigas que no respetaran la convención de Ginebra sobre derechos de los prisioneros, fueron revertidas para ser aplicadas a retenidos miembros de Al- Qaeda y los talibanes.

”Con el apoyo institucional de la Asociación Psicológica Americana –la organización de psicólogos más numerosa del mundo con 148.000 profesionales–, algunos psicólogos se convirtieron en colaboradores del refinamiento y aplicación de torturas…”

Con el apoyo institucional de la Asociación Psicológica Americana –la organización de psicólogos más numerosa del mundo con 148.000 profesionales–, algunos psicólogos se convirtieron en colaboradores del refinamiento y aplicación de torturas, participando en interrogatorios, ya fuera como testigos, asesores o coordinadores. Estos psicólogos podrían enfrentar cargos por crímenes de guerra, y el aval de las directivas de la asociación produjo una confrontación interna que la llevó a su transformación.

Antes de la declaración de guerra contra el terrorismo, la APA había tenido una posición clara y articulada en contra de la participación de psicólogos en prácticas de tortura. Por ejemplo, en 1985, la APA conjuntamente con la Asociación Psiquiátrica Americana, publicó un comunicado en contra de la tortura y el tratamiento cruel, inhumano o degradante de personas. Al año siguiente se publicó otra resolución más específica que dejaba en claro que, para esta asociación, bajo ninguna circunstancia era aceptado que un psicólogo participara, colaborara, supervisara, facilitara, dirigiera o asesorara la aplicación de tortura o cualquier tratamiento cruel, inhumano o degradante. Se confiaba en que esta posición ante la tortura por parte de médicos y psicólogos era clara. Sin embargo, en 2001, ante las nuevas interpretaciones legales del gobierno de los Estados Unidos y, sobre todo, ante la evidencia de profesionales de la salud participando en torturas, algunos miembros de la Asociación Médica Americana (AMA) y de la Asociación Psicológica Americana (APA), requirieron de sus directivas posiciones más contundentes. Como respuesta, tanto la AMA como la Asociación de Psiquiátrica Americana, se negaron a participar más en interrogatorios a prisioneros; pero contrariamente la APA defendió la participación de psicólogos en estas actividades y rehusó condenarlas.

Los directivos de la APA esgrimieron como razones para continuar apoyando la participando de psicólogos en interrogatorios, la necesidad de ayudar a evitar atentados terroristas, el deber patriótico y la necesidad de que hubiera presencia de profesionales de la salud, para así garantizar el bienestar de los detenidos. Ante la inconformidad de muchos miembros de la APA por esta posición, las directivas de la asociación se vieron obligadas a publicar varias resoluciones que prohibían participar en torturas. Sin embargo, en estas resoluciones no se vetaba radicalmente la participación de profesionales de la salud en los interrogatorios a los detenidos. Esta ambigüedad de la APA aumentó aún más la inconformidad de sus miembros y abrió una inmensa grieta dentro de la asociación.

De manera inesperada los psicólogos se vieron confrontados con preguntas fundamentales sobre su práctica: ¿a quién se le debe lealtad?, ¿al país?, ¿al empleador?, ¿a las leyes internacionales?, ¿a sí mismo? Todas estas preguntas pusieron al gremio de los psicólogos a la defensiva y en una situación de redefinición de su lugar en la sociedad, frente a la institución militar, frente a las normas del derecho internacional y, especialmente, frente a los derechos humanos. Mas, ¿cómo se llegó a este punto? A continuación describiremos paso a paso la formación de las nuevas políticas de detención e interrogatorio en los Estados Unidos y cuál fue la participación de los psicólogos y su justificación desde las teorías psicológicas, buscando ligar la reacción de la APA ante estas nuevas políticas como un momento de redefinición y cambio en el gremio psicológico.

3. El programa

La guerra contra el terrorismo requirió de la CIA la producción rápida de información para evitar nuevos atentados y capturar a los líderes de Al-Qaeda y el grupo talibán. Sin embargo, por su propia naturaleza, la CIA no tenía un programa de interrogatorio para prisioneros de guerra; para esta nueva tarea requirió entonces de la asesoría de expertos en el programa SERE; profesionales que estudiaban, entre otras cuestiones, métodos para resistir interrogatorios extremos.

En julio de 2002, el Consejero General del Pentágono, William J. Haynes II, solicitó a Richard Shiffrin, su Diputado General en el Departamento de Defensa, que se comunicara con los instructores del programa SERE, para indagar sobre aquellas técnicas que pudieran ser adaptadas a un programa de interrogatorio de prisioneros. A finales de julio de 2002, desde la escuela SERE, el Teniente Coronel Daniel Baumgartner, respondió a la solicitud describiendo las técnicas de entrenamiento en SERE: deprivación sensorial, deprivación del sueño, posiciones estresantes, ahogamiento simulado (waterboarding), golpes, sobrecarga sensorial y manipulación de la dieta (Mark, 2008).

El programa SERE había sido creado y financiado durante la Guerra Fría por el Pentágono para estudiar los métodos de interrogatorio y tortura que usaban aquellos enemigos que no respetaban la convención de Ginebra. El objetivo era entrenar a los soldados en sobrevivencia y resistencia, en caso de ser capturados. Este programa había producido un currículo y un plan de entrenamiento que enseñaba, entre otras cosas, cuáles eran las torturas más comunes, cómo se aplicaban y cómo se resistían cuando se era víctima de ellas. En el programa SERE, los miembros de las fuerzas militares eran sometidos a interrogatorios simulados, donde se les aplicaban diferentes técnicas: deprivacion sensorial, desnudez forzada, humillaciones sexuales, posiciones estresantes, aislamiento prolongado, deprivación del sueño, agotamiento por ejercicio y el uso de agua para crear la sensación de ahogamiento.4

El doctor Eric Anders, ex oficial de la Fuerza Áerea de Estados Unidos, describió su experiencia en 1983, cuando a los 19 años, y siendo un cadete de esta fuerza militar, vivió este entrenamiento:

[…] esta fue la cosa más intensa que yo alguna vez haya pasado […]. Fuimos puestos en un elaborado campo de prisioneros de guerra […]. Me metieron en una caja muy pequeña. Yo era jugador de fútbol universitario, entonces les dije que no me pusieran en la caja, porque era muy pequeña para poder entrar y yo tenía entre otras cosas, una cirugía en las rodillas. De todas maneras me metieron […]; ponían un poema de Rudyard Kipling llamado ”Boots”, el cual es un poema muy largo, el cual va y va y va, y cualquiera que conoce el poema entiende que puede enloquecerte si es tocado continuamente por amplificadores a un volumen alto. Ponían música Siamese, ponían el timbre de un teléfono, ese tipo de cosas. Y durante esto no te dejaban sentar en el piso. Cuando estábamos metidos en la caja y te sacaban, te ponían en posiciones estresantes. Te colocaban un pedazo de madera en las rodillas y te hacían poner los brazos en el aire al mismo tiempo. Todo el tiempo te estaban observando. De cuando en cuando te metían en un cuarto y trataban de obtener información de tí. (Democracy Now, 2007)

En el verano de 2002, y de acuerdo al Inspector General del Ejército, el Director Psicológico del Comando de Operaciones Especiales propuso que se revirtiera el entrenamiento SERE para ser usado en el entrenamiento de interrogadores. Un poco más adelante estas técnicas fueron aprobadas por el comandante de Guantánamo para ser usadas con sus prisioneros. Al mismo tiempo que esto ocurría con el ejército, la CIA contrataba la compañía de Mitchell, Jessen y Associados con sede en Spokane, Washington, para diseñar su propio nuevo programa de interrogatorios, basado también en SERE. Esta compañía privada es propiedad de los psicólogos James Elmer Mitchell y Bruce Jessen, dos psicólogos de religión mormona que habían trabajado por mucho tiempo en la escuela SERE del ejército norteamericano, y eran expertos en los métodos de interrogatorio que los soviéticos y los chinos usaron en la Guerra Fría para quebrantar la personalidad de los soldados que capturaban. La especialidad de Jessen eran los efectos que el aislamiento prolongado tenía sobre la personalidad de los detenidos.5

También hacían parte de esta compañía el ex presidente de la APA Joseph Matarazzo, quien fue contratado para diseñar el programa de interrogatorio y, posteriormente, el ex interrogador de la CIA, Deuce Martínez.

”El nuevo programa que estos psicólogos diseñaron consistió en revertir el programa SERE para usar sus técnicas en el interrogatorio de detenidos, las cuales serían luego transmitidas a los nuevos interrogadores que eran despachados a Campo Delta (Guantánamo), Abu Ghraib y las prisiones secretas que el gobierno tenía esparcidas por todo el mundo…”

El nuevo programa que estos psicólogos diseñaron consistió en revertir el programa SERE para usar sus técnicas en el interrogatorio de detenidos, las cuales serían luego transmitidas a los nuevos interrogadores que eran despachados a Campo Delta (Guantánamo), Abu Ghraib y las prisiones secretas que el gobierno tenía esparcidas por todo el mundo. Además de reciclar las técnicas de SERE, se entrenó a los interrogadores en ciertas teorías psicológicas que las sustentaban.

Por ejemplo, en mayo de 2002 Mitchell, Jessen, algunos miembros de la CIA y del ejército estuvieron presentes en una conferencia privada que el ex presidente de la APA, Martin Seligman, uno de los psicólogos más eminentes en Estados Unidos, dio en la escuela SERE de la Armada. Seligman habló allí por tres horas sobre su teoría learned helplessnes (desamparo o indefensión aprendida). En los 60s, Seligman había encontrado, en experimentos con perros, que al aplicárseles choques eléctricos, repetida y arbitrariamente, podía brutalizar emocionalmente a los animales hasta llevarlos a un estado de completa pasividad. (Democracy Now, 2008)

Seligman, además de trabajar en su teoría de indefensión aprendida, ha hecho investigaciones por décadas sobre la depresión, el optimismo y el pesimismo, y ha liderado el movimiento de la ”psicología positiva”. Sus libros más conocidos son Helplessness on Depression Development and Death (1975), Learned Optimism (1991), What You Can Change & What You Can’t (1993), Learned Helplessness: A Theory for the Age of Personal Control (1993), The Optimistic Child (1995) y Authentic Happiness (2002).

Este psicólogo, padre de la ”psicología positivista”, quien es actualmente profesor en la Universidad de Pennsylvania6, ha afirmado recientemente, como justificación de su trabajo de capacitación a miembros de organismos de inteligencia y militar, que él nunca ha ayudado a fomentar la tortura, que está en contra de esta práctica, y que sus experimentos tenían como intención ayudar a soldados norteamericanos.7

Puede ser que la intención de Seligman al dar su conferencia no haya sido la de enseñar cómo torturar, y que fuera malinterpretado por la CIA, pero después de esta intervención sus teorías empezaron a aparecer en los interrogatorios de prisioneros, a los cuales se les pusieron collares y fueron encerrados en jaulas para perros.

Un par de meses después de la conferencia de Seligman, en septiembre de 2002, el Comando de Operaciones Especiales del ejército organizó una conferencia de psicólogos del programa SERE para instruir al personal de la prisión de Guantánamo sobre el uso de estas técnicas. Y para enero de 2003 dos profesores de SERE viajaron a Guantánamo para presentarles a los interrogadores de la prisión la teoría y prácticas que deberían utilizar de allí en adelante. Dentro del programa de entrenamiento de estos interrogadores se incluyó una sesión de profundización en los Principios Biderman.8 Estos principios se encuentran resumidos en una tabla conocida como la ”Tabla de Cohersión Biderman” que apareció por primera vez en 1957 en un artículo escrito por el sociólogo Albert D. Biderman y titulado ”Intentos de los comunistas para obtener confesiones falsas de prisioneros de guerra de la Fuerza Aérea”.

El artículo es un estudio sobre las técnicas de interrogatorio que los comunistas chinos usaron durante la guerra de Korea para obtener confesiones, muchas de éstas falsas, de prisioneros norteamericanos. Para su investigación Biderman entrevistó prisioneros norteamericanos que regresaban de la guerra en Korea del Norte, algunos de los cuales habían sido filmados por interrogadores chinos confesando crímenes como el uso de armas biológicas. Estas confesiones llevaron a pensar a los comandantes militares que a los prisioneros norteamericanos se les había hecho un lavado cerebral, obligándolos a revisar su programa de entrenamiento y, con el objetivo de entrenar a los soldados, en caso de tortura si eran capturados en conflicto, comenzaron a dar al personal una ”prueba” de los métodos de interrogatorio extremo que los enemigos posiblemente usarían.

En el artículo de Biderman se describe, por ejemplo, cómo los chinos forzaban a los prisioneros norteamericanos a estar de pie por largos periodos de tiempo, algunas veces en condiciones de frío extremo. Estos métodos pasivos eran mucho más comunes que la violencia física directa. En la tabla que acompaña al artículo de Biderman, se muestran los efectos de las ”técnicas de manejo coercitivo”: deprivación del sueño, encierro prolongado en ambientes sucios e infestados, semi-inanición, desatención de heridas. Estas técnicas tienen efectos psicológicos: hacen a la víctima dependiente del interrogador, debilita las habilidades mentales y físicas para resistir y reduce las preocupaciones del prisionero a solo aquellas de ”nivel animal” (Biderman, 1957). El único cambio que se le hizo a la tabla de las técnicas que usaban los chinos en 1954, para ser transmitida a los interrogadores norteamericanos, fue el de quitarle su título original.

4. Los interrogatorios

Desde los primeros interrogatorios de prisioneros hubo presencia de personal médico y psicológico. Estos profesionales ayudaron en la planeación, apoyo, supervisión y aplicación de los procedimientos para la obtención de información de los prisioneros. Algunos interrogatorios fueron videograbados; sin embargo, en 2005, las cintas fueron ilegalmente destruidas por la CIA.9

En mayo de 2002, el psicólogo James Mitchell estuvo como asesor directo en el interrogatorio, dentro de una de las prisiones secretas de la CIA, del prisionero Abu Zubaydah, uno de los ayudantes cercanos de Osama bin Laden. En el proceso Mitchell, quien nunca había sido interrogador y no tenía experiencia en fundamentalismo islámico, urgió repetidamente el uso de técnicas que quebrantaran las defensas psicológicas del prisionero con el fin de crear en él un sentimiento de desamparo e indefensión.

Mitchell expresó su creencia en los procedimientos científicos y dijo que él usaba ciencia pura, sostenida en experimentos que había realizado con perros, los cuales al ser puestos en jaulas y ser electrocutados arbitrariamente, se les quebraba completamente su deseo de resistir –los mismos experimentos que Seligman usó para desarrollar su teoría de indefensión aprendida y que explicó días antes en su conferencia a los psicólogos militares e interrogadores de la CIA–.10

”Mitchell expresó su creencia en los procedimientos científicos y dijo que él usaba ciencia pura, sostenida en experimentos que había realizado con perros, los cuales al ser puestos en jaulas y ser electrocutados arbitrariamente, se les quebraba completamente su deseo de resistir…”

Mas las repetidas sugerencias de Mitchell causaron tanta incomodidad en los agentes del FBI que uno de ellos lo cuestionó directamente: ¿sabe usted algo sobre radicalismo islámico? ¿Habla usted árabe? ¿Tiene alguna experiencia en esta área? Y más tarde, cuando el FBI vio la aplicación de las nuevas técnicas y el tratamiento que se le daba a los detenidos por parte del equipo de la CIA, estos agentes federales decidieron separarse totalmente de los procedimientos, temiendo que fueran ilegales y pudieran verse involucrados en investigaciones posteriores. Hay registros de un agente del FBI informando a sus jefes en la Dirección Central que, en su opinión, los interrogadores de la CIA deberían ser arrestados.

La CIA quería tomar control del interrogatorio de Abu Zubaydah para aplicar sus nuevos métodos, y después de una pequeña batalla con el FBI por la custodia del detenido, logró su objetivo. Abu Zubaydah, ya en manos de la CIA, fue sometido a todo tipo de técnicas extremas, como por ejemplo, estar metido por 24 horas en una jaula para perros, donde se le cubrió con toallas para dificultar su respiración, se le aplicó repetidamente ahogamiento simulado con agua, se dejó que sus heridas se reabrieran y no se atendieran por personal médico. Lo paradójico de este evento es que cuando el FBI había comenzado el proceso de interrogatorio, se había logrado tejer un grado tal de transferencia (rapport) con el prisionero, que había conseguido de éste información que más tarde fue útil. Años después el presidente G. Bush declaró sobre este interrogatorio en particular:

Sabíamos que Zubaydah tenía más información que podría salvar vidas inocentes, pero había dejado de hablar. A medida que el procedimiento continuó fue claro que [el prisionero] había recibido entrenamiento de cómo resistir interrogatorios. Entonces la CIA usó una serie de procedimientos alternativos. Estos procedimientos fueron diseñados para ser seguros, para cumplir con nuestras leyes, nuestra constitución y con nuestras obligaciones con tratados internacionales. El Departamento de Justicia revisó extensivamente los métodos autorizados y determinó que eran legales. No puedo describir los métodos específicos que se usaron, creo que entiende por qué. Si lo hiciera, le ayudaría a los terroristas a aprender como resistir a nuestros interrogatorios y a mantener oculta información que necesitamos para prevenir nuevos ataques a nuestro país. Pero puedo asegurarles que los procedimientos fueron fuertes, seguros, legales y necesarios (Office Of The Press Secretary, 2006).

Pero si en las prisiones secretas se dio inicio a la aplicación de las nuevas políticas de interrogatorio, fue en el campo de Prisioneros Delta, en Guantánamo, Cuba, donde estas técnicas se perfeccionaron y migraron directamente a los manuales militares. Para marzo de 2003 la filosofía, la teoría y las técnicas del nuevo modelo de interrogatorio habían permeado dentro del ejército y aparecieron oficialmente en el manual de operaciones de la prisión de Guantánamo. En marzo 27 el comandante de la prisión, el Mayor General del ejército, Geoffrey Miller, firmó el Manual de Operaciones Standard para el Campo Delta.11 En este manual aparece como política oficial del Campo Delta, entre otras, el negarle a algunos prisioneros cualquier acceso a Monitores Independientes del Comité Internacional de la Cruz Roja. Se permitió además el uso de técnicas de aislamiento y deprivación sensorial como formas de ”preparar” a los detenidos para los interrogatorios. El manual estipulaba que los prisioneros entrantes serían mantenidos en total aislamiento por las primeras dos semanas, con el objetivo de crear sentimientos de dependencia hacia los interrogadores y para ”aumentar y explotar la desorientación y desorganización sentida por los nuevos detenidos”.12

En Guantánamo los detenidos, después de ingresar a la prisión y ser ”ablandados”, eran sometidos a jornadas de interrogatorios donde unidades combinadas de agentes, soldados, médicos, psiquiatras y psicólogos, conocidas como los equipos ”biscuit” por Behavioral Science Consultation Teams (BSCT), tomaban total control del detenido. ”Su propósito era ayudarnos a quebrarlos”, le dijo un ex-interrogador al New York Times en el 2005. El ex-interrogador dijo también que un doctor de uno de estos equipos, habiendo leído el archivo médico de un detenido, sugirió que la nostalgia del prisionero por su madre podría ser explotada para persuadirlo a cooperar. (Lewis, 2005). En Guantánamo todos los interrogatorios estaban cuidadosamente monitoreados y finamente burocratizados. El equipo ”biscuit” programaba los interrogatorios, algunas veces los monitoreaba detrás de un espejo y, en otras ocasiones, estaba presentes con el detenido y el interrogador. A cada detenido se le hacía una evaluación psicológica y un plan para su interrogatorio basado en sus fortalezas y vulnerabilidades. El equipo tomaba notas sobre cada detenido, cada plan era individualizado por los científicos del comportamiento que trabajaban para encontrar algo que pudiera afectar a los detenidos y que quebrara sus resistencias. Un detenido, quien le temía a la oscuridad, fue puesto a propósito en una celda oscura. A otro (David Hicks) sólo se le dejaba salir en la oscuridad de la noche y se le impidió ver la luz del sol por años. El nivel de monitoreo era intenso y se planeaba cada movimiento, incluso hasta el uso del papel higiénico era controlado. Un detenido describió a su abogado cómo uno de los psiquiatras le había aumentado el número de cuadros de papel higiénico que le era permitido usar, de cero a siete cuadros al día.

”Otras técnicas repetidamente usadas en Guantánamo eran las posiciones estresantes, por ejemplo, obligar a alguien a estar de pie por largos periodos de tiempo, o el ahogamiento simulado…”

Otras técnicas repetidamente usadas en Guantánamo eran las posiciones estresantes, por ejemplo, obligar a alguien a estar de pie por largos periodos de tiempo, o el ahogamiento simulado en donde se tiraba la cabeza del detenido hacia atrás, se le tapaba la boca con una esponja o toalla y luego se le vaciaba agua, causando así la sensación de ahogamiento.

Algunos prisioneros que han sido liberados de Guantánamo han descrito sus interrogatorios. Por ejemplo, Mamdouh Habib, luego de ser liberado de Guantánamo y regresar a Australia, narró en entrevista cómo fue su encarcelamiento. Habib declaró que fue interrogado en Pakistán por una mujer rubia de aproximadamente 30 años, quien hablaba inglés con acento americano, allí se le torturó de varias maneras, una de éstas obligándosele a permanecer de pie sobre un tubo electrificado. Después la CIA lo trasladó a una prisión en Egipto donde fue severamente golpeado13 (Bonner, 2008).

En el interrogatorio de Mohammed al-Qahtani, el supuesto 20vo secuestrador de los aviones del 11 de septiembre, también se usaron prácticas de torturas. Al no ofrecer mucha información cuando fue capturado, se le sedó con tranquilizantes y se le aplicó deprivación sensorial, luego fue subido a un avión y amenazado, diciéndosele que estaba siendo trasladado a un lugar en Medio Oriente, después de varias horas en el aire el avión regresó a Guantánamo y allí fue puesto en confinamiento solitario. Más adelante fue objeto de un elaborado plan de abuso psicológico e interrogatorios: deprivacion del sueño; posiciones estresantes; exposición al frío; aplicación de fluidos en las venas para crearle urgencia de ir al baño (al cual no se le permitía ir, lo que le obligaba a orinarse sobre sí mismo); se le ponían brasieres en la cabeza; se le hacía ladrar y hacer trucos como un perro; le decían que él era menos que un animal; le pusieron un gorro de cumpleaños en la cabeza y le cantaban ”Dios bendiga América.” Los cargos contra al-Qahtani fueron retirados en mayo de 2008.

Abd al-Rahim al-Nashiri, un miembro de Al-Qaeda acusado de participar del atentado al destructor Cole en Yemen en 2000, declaró que fue sujeto de ahogamiento simulado y luego se comprobó que su confesión en el crimen fue el resultado del temor a seguir siendo torturado.

En el otoño de 2003 el General Miller fue trasladado de Guantánamo y nombrado comandante de la prisión de Abu Ghraib en Irak. Allí Miller discutió detenidamente con el general Ricardo Sánchez, quien para ese entonces era el comandante del ejército en Irak, sobre los tipos de interrogatorio que se usarían. Entre ambos decidieron que Abu Ghraib sería el lugar central de recolección de información para las Fuerzas Armadas. En septiembre de 2003 el General Sánchez envió un memo que destacaba ciertas guías sobre las nuevas técnicas de interrogatorio, éstas iban más allá de las permitidas por el Manual de Campo del Ejército de los Estados Unidos 3452. En el memo se incluyeron muchas de las técnicas que habían sido ampliamente aplicadas en Guantánamo. En esta orden el general Sánchez, a quien algunos documentos ligan con el uso de perros durante interrogatorios, conminó a sus tropas para que fueran ”más allá de los límites” en la extracción de información.

”En The New Yorker y Salon.com periodistas como Jane Mayer comenzaron a develar a la opinión pública de manera crítica las actuaciones de agentes del gobierno y la participación de psicólogos en el interrogatorio y abuso de detenidos”

Pero Abu-Ghraib no era una prisión con el suficiente número de personal y con un ambiente altamente controlado como en Guantánamo, se trataba de una prisión a las afueras de Bagdad, sobrepoblada y constantemente atacada por fuego de artillería. En condiciones infernales se les dio carta blanca de hacer lo que quisieran a una pequeña unidad de interrogadores e inexperimentados soldados. Las consecuencias de esta decisión fueron dolorosas y vergonzosas para los Estados Unidos y para su ejército, sobre todo para aquellos que creen en los ideales y valores promulgados por la doctrina humanitaria norteamericana.

5. Reacciones y división en la APA

La comunidad académica, psicológica y médica reaccionaron atónitas cuando los interrogatorios comenzaron a salir a la luz pública; el escrutinio y la crítica fueron intensos. Michael Wilks, director del comité de ética médica de la Asociación Médica Británica, y un experto en ética médica, publicó en Lancet un artículo titulado ”A Stain on Medical Ethics” (Wilks, 2005). En este escrito Wilks advirtió de la nueva tendencia de gobiernos y profesionales de reescribir los manuales éticos a favor del abuso y la tortura. La organización Doctors for Human Rights publicó un largo y detallado reporte sobre el uso de técnicas psicológicas en interrogatorios diseñadas para desestabilizar la personalidad de personas y que, técnicamente, se pueden definir como formas de tortura. En The New Yorker y Salon.com periodistas como Jane Mayer comenzaron a develar a la opinión pública de manera crítica las actuaciones de agentes del gobierno y la participación de psicólogos en el interrogatorio y abuso de detenidos.

Cuando los miembros de la AMA y la APA comenzaron a hacer sentir su presión a las directivas de estas organizaciones para que explicaran sobre la participación de profesionales de la salud y la psicología en abusos a prisioneros, cada una de éstas organizaciones tomaron caminos distintos; la Asociación Médica Americana vetó la participación de médicos y psiquiatras en cualquier programa de interrogatorio; las directivas de la Asociación Psicológica Americana, por su parte, rehusó tomar esta medida y decidieron que el asunto ameritaba más investigación y discusión.

En julio de 2005 la APA creó la Fuerza de Tarea Presidencial en Ética Psicológica y Seguridad Nacional (Presidential Task Force on Psychological Ethics and National Security), que después de dos días de deliberaciones concluyó que era ”consistente con el código de ética de los psicólogos de la APA el servir en el rol de consultores dentro de los procesos de interrogatorio o procesos de recolección de información que tuvieran propósitos concernientes a la seguridad nacional” (APA, 2005). El reporte concluyó también que los ”psicólogos tienen la obligación ética de estar alerta y reportar cualquier acto de tortura o tratamiento cruel o inhumano a las autoridades correspondientes” (APA, 2005). La conclusión general fue entonces la de continuar participando en los interrogatorios de detenidos y reportar cualquier abuso del que se fuera testigo.

Sin embargo, para muchos psicólogos y activistas de derechos humanos, esta era una posición ambigua, pues admitía la participación de psicólogos en interrogatorios donde se realizaban prácticas de tortura. Más tarde se supo que desde el comienzo la Fuerza de Tarea había sido ”arreglada”. Seis de los nueve miembros con voto pertenecían a agencias militares o de inteligencia relacionadas directamente con interrogatorios en Guantánamo y en otros lugares en que se aplicaban estas técnicas cuestionadas. Cuatro de los seis trabajaban en Guantánamo, Abu Ghraib o Afganistán. Al menos dos de los miembros de la Fuerza de Tarea tenían relación directa con el programa SERE del ejército, el Capitán Bryce E. Lefeve y el Coronel Morgan Banks. Lefeve había servido en la escuela SERE de la marina entre 1990 a 1993 antes de ingresar a las fuerzas especiales y convertirse en el psicólogo de la Fuerza de Tarea Conjunta de las fuerzas especiales en Afganistán en 2002; allí enseñó y entrenó interrogadores. Anteriormente había dado conferencias sobre el ”lavado de cerebro” como método de interrogación. Banks por su lado, era el psicólogo principal del programa SERE del ejército y había ayudado a establecer la primera escuela permanente en esta dependencia estatal. Banks era consultor y ofrecía soporte técnico a todos los psicólogos del ejército.

La Fuerza de Tarea de la APA había sido entonces dominada por psicólogos militares, lo que la hizo objeto de críticas y que se solicitara su invalidez. Incluso dos miembros de la misma Fuerza de Tarea, la doctora Jean Maria Arrigo y la doctora Nina Thomas solicitaron que el reporte de ésta fuese anulado por irregularidades en el proceso y por anomalías como la de que se le solicitara a la doctora Arrigo que no tomara notas durante los procedimientos. Ella después archivó los mensajes de correo de la Fuerza de Tarea y los envió al Senado como una manera de hacer pública la información de lo que allí había pasado.

Ante el descubrimiento de la manipulación de la Fuerza de Tarea y del incesante arreciar de las críticas a la APA, los miembros directivos fueron obligados, en agosto de 2006, a pasar una declaración condenando la participación de psicólogos en torturas. Esta declaración coincidió con una misiva del Pentágono que indicaba que los militares solo usarían psicólogos y no psiquiatras en la asesoría de interrogadores. Muchos de los miembros de la APA, leyeron en la declaración de las directivas, una aceptación explícita de las políticas del Pentágono, como era la participación de psicólogos en los interrogatorios, tomando el lugar dejado por médicos y psiquiatras.

Esta posición de las directivas de la APA generó una reacción tan airada de la mayoría de psicólogos que para mediados de 2007, y en vísperas de la convención anual, ya las posiciones al interior de esta organización se habían polarizado radicalmente. En un bando, las directivas y, en el otro, una base disconforme de miembros que solicitaban acciones directas que desligaran totalmente la APA de las prácticas de tortura.

Para el encuentro anual en San Francisco en julio de 2007, más de 1300 psicólogos miembros y no miembros firmaron una petición denunciando la posición de la APA y proponiendo declarar una moratoria a la participación de psicólogos en interrogatorios de prisioneros. Esto generó un profundo debate, pero después de muchas discusiones no fue posible obtener la declaración deseada. Las directivas afirmaron que no autorizaban la tortura y que los psicólogos podían trabajar con quien quisieran siempre y cuando no torturaran. Dentro del debate, el Coronel del ejército norteamericano, Larry James, un miembro de las directivas de la APA, recientemente contratado como Decano de Psicología por Wright State University en Ohio, y quien fue cabeza de los psicólogos en Guantánamo, declaró:

Gracias a Dios esta es una democracia. Yo realmente le doy la bienvenida y apoyo toda esta discusión y debate. Por eso es que uso este uniforme, porque yo estoy muy, muy orgulloso de esta democracia. Entonces quiero agradecer al doctor Altman y a sus colegas por tener el coraje de hablar, aunque yo estaría en desacuerdo con muchas de las cosas que ellos dicen. Dios bendiga América. Segundo, torturar está mal. ¿Cómo puede alguien estar en desacuerdo con esto? Entonces, bajo ninguna condición, yo mismo, o ninguno de estos psicólogos que ustedes ven aquí hoy, con los uniformes que usan en representación de nuestro país, apoyaría cualquier cosa que permitiera la tortura o el tratamiento inhumano. Tercero y último, si nosotros sacamos los psicólogos del frente, o de cualquier posición, inocentes van a morir. Personas inocentes van a ser heridas. Phil Zombardo nos dijo que esto pasaba treinta años atrás. Y entonces, yendo atrás en la historia, en cualquier centro de detención que hemos establecido en cualquier parte del mundo, cuando no se tienen psicólogos participando en el proceso de decisión sobre las políticas, cuando no se tienen psicólogos participando en las actividades del día a día, cosas malas pasarán, personas inocentes morirán.14 (Democracy Now, 2008).

Después de este patriótico discurso la psicóloga Laurie Wagner, se levantó y le respondió que ”si psicólogos tenían que estar allí para prevenir que detenidos fueran asesinados, entonces las condiciones eran tan horrendas que lo único moral y ético que se podía hacer era protestar abandonando inmediatamente el lugar” (Democracy Now, 2008).

En agosto de 2007 la APA adoptó formalmente una nueva resolución que articulaba un poco mejor la prohibición de participar en torturas y de la aplicación de 19 técnicas de interrogatorio específicas, incluidas algunas empleadas por la CIA. Pero los críticos nuevamente vieron que esta resolución tenía problemas; era una resolución ambigua, principalmente respecto al uso de confinamiento solitario y la deprivacion del sueño, ya que solo las prohibía cuando producían dolor, sufrimiento o cualquier persona razonable juzgara como causante de daño duradero. Así, las constantes disputas llevaron a la APA a una profunda crisis interna, donde un número representativo de psicólogos renunció a la organización, y algunos departamentos de psicología como la Universidad de Rhode Island, Earlham College, Guilford College, California State at Long Beach, o Smith College pasaron resoluciones protestando por la posición que se había tomado. El próximo enfrentamiento se dio en Boston en 2008.

En la convención de 2008, en Boston, la nueva estrategia de la disidencia de la APA, después de analizar las propias leyes de la asociación, fue promover un referéndum interno que preguntara directamente a todos los miembros de la APA si apoyaban o no la suspensión de los psicólogos en las salas de interrogatorios, en aquellos sitios que hubiesen sido denunciados por violar leyes internacionales de derechos humanos. El referéndum fue apoyado por importantes organizaciones, entre otras: Psychologists for Social Responsibility, The Society for the Scientific Study of Social Issues y The International Organization of Torture Treatment Providers.

Es de destacar que ese mismo año, el Estado de California, con la resolución 19 del Senado, se convirtió en el primer Estado de la unión que condenaba oficialmente la participación de profesionales de la salud, incluidos psicólogos, en interrogatorios coercitivos de prisioneros. Esta resolución requirió que las asociaciones de profesionales del Estado, que son las que dan licencia para practicar, le indicasen a los profesionales de la salud de California que podrían ser objeto de acusación penal si participaban en interrogatorios que no cumplieran con los estándares internacionales de tratamiento de prisioneros.

”…el Estado de California, [2008] con la resolución 19 del Senado, se convirtió en el primer Estado de la unión que condenaba oficialmente la participación de profesionales de la salud, incluidos psicólogos, en interrogatorios coercitivos de prisioneros”

Dan Aalbers, miembro de la Coalición por una Psicología Ética (Coalition for an Ethical Psychology), y quien corredactó el referéndum15, describió la creación de éste como el resultado de un trabajo en red. Esta fue una bola de nieve que creció rápidamente y tomó la forma de una propuesta colectiva salida totalmente de la base de la asociación. Según Aalbers:

[…] esto es realmente un esfuerzo conjunto. Creo que había mucha desafección con las políticas de la APA hasta ese momento, y nos juntamos con Psychologists for an Ethical APA, Withhold APA Dues, y vimos en las normas de la APA qué camino podría llevar este asunto directamente a los miembros. Entonces me junté con Brad Olson, con Ruth Fallenbaum -otros dos psicólogos disidentes- y usamos el viejo trabajo en red. Divulgamos la idea, y realmente estoy sorprendido de ver cómo ésta se esparció espontáneamente. No le pedimos a un solo grupo que avalara el referéndum, pero día tras día, abro mi e-mail, y otro grupo espontáneamente se unía a él, es que la gente había estado trabajando autónomamente dentro de sus grupos para sacar el referéndum adelante. (Democracy Now, 2008)

Mientras el referéndum era votado, las directivas de la APA lanzaron una campaña de desinformación en su contra, y el Departamento de Defensa produjo un comunicado oponiéndose a él. En este comunicado el Departamento de Defensa esgrimió como razones en defensa del acuerdo con la APA, que los ”detenidos no son objeto de tratamiento cruel, inhumano o degradante, en acuerdo con las leyes de EU” y que ”los asesores en ciencias del comportamiento NO apoyan interrogatorios que no estén en concordancia con las leyes que apliquen al momento” (Department of Defense, 2008). Estas razones, sin embargo, no respondían al núcleo del problema, y es que en la nueva esfera legal de los EU, un programa de tortura y abuso es legal. Así psicólogos militares pueden seguir las leyes de la nación mientras participan en abusos. Para los psicólogos proponentes del referéndum la única solución para esta contradicción era que los propios psicólogos como gremio, se retiraran totalmente de procesos de interrogatorio.

El referéndum puso a los miembros de la APA frente a dos posiciones claras para elegir. Podían votar por una posición ética como gremio en contra de la tortura o continuar apoyando las políticas de la APA, del Departamento de Defensa, del Programa de Interrogatorios y de la administración Bush.

El resultado de este trabajo desde la base de la asociación culminó en octubre de 2008 con la aprobación del referéndum, el cual de facto vetó a sus miembros en tomar parte de interrogatorios de prisioneros en Guantánamo, Irak, Afganistán y cualquier prisión secreta de la CIA. Las directivas de la APA, ante este resultado, en un primer momento, sugirieron que la implementación de estas medidas se pospondría hasta el 2009. Pero en giro sorpresivo el presidente de la APA, para ese entonces Alan Kazdin, le escribió al presidente Bush informándoles de la nueva posición de la organización.

A consecuencia de la larga y desgastante batalla interna dentro de la APA y del triunfo del referéndum, las políticas de la organización dieron un giro de 180 grados. Por ejemplo, en mayo de 2009, en San Antonio, Texas, se reunieron 100 psicólogos y 50 expertos para comenzar a redefinir una nueva visión para la psicología. Pero el acto tal vez más relevante de esta nueva actitud es la propuesta de agosto de 2009, por parte del concejo de representantes, de cambiar el código de ética de la organización para evitar el posible uso de la Defensa Nuremberg (APA, 2009) en casos de participación de psicólogos en violación de derechos humanos. En el texto se desestima las posibles defensas por parte de psicólogos en casos de violación de derechos humanos, basadas en argumentos como ”solo estaba siguiendo órdenes” o ”solamente seguía la ley”. Se reafirma también en el texto que la APA ”ha tenido por largo tiempo una política contra cualquier participación por parte de psicólogos en actos de tortura u otros tratamientos o castigos crueles, inhumanos o degradantes [y que], además, el comité ético de la APA ha afirmado que ninguna defensa de la tortura será nunca aceptable dentro del proceso de adjudicación ética de la APA” (APA, 2009).

Esta nueva posición de la APA, sin embargo, no generó investigaciones éticas internas que ayudaran a clarificar lo sucedido y a castigar a aquellos que aplicaron tortura en nombre de la psicología. Algunas organizaciones están aún demandando y haciendo presión para que se lleve a cabo este tipo de investigaciones que, si llegaran a darse, permitirían cerrar definitivamente este acontecimiento histórico, a principios del siglo XXI, donde la sensibilidad de empatía por los otros, el considerar a todos los seres humanos como iguales y el rechazo por la tortura, se vieron gravemente amenazados.

NOTAS

2 Programa televisivo de entrevistas Meet the Press. Tenemos que trabajar el lado oscuro, si ustedes quieren. Pasaremos tiempo en las sombras del mundo de la inteligencia. Mucho de lo que se necesita hacer aquí se habrá hecho silenciosamente, sin ninguna discusión, usando los recursos y métodos que están disponibles para nuestras agencias de inteligencia.

3 The Declaration of Independence of the Thirteen Colonies. American Congress, Julio 4, 1776. ”We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.”

4 Estos ”entrenamientos especiales” en sobrevivencia obviamente no son exclusivos del ejército de los Estados Unidos. Recientemente en México han surgido dos videos que muestran a oficiales e instructores angloparlantes entrenando los policías del Estado de León. Allí los hacían rodar sobre su propio vómito, eran encerrados en ”huecos” y se les ahogaba introduciendo agua por las narices. En Colombia, en 2006, se conoció públicamente algunos aspectos de este tipo de entrenamientos cuando en los medios se denunció las torturas a las que fueron sometidos un grupo de 35 soldados adscritos al batallón Patriotas, con sede en Honda, Tolima. Estos soldados supuestamente estaban siendo ”entrenados” en sobrevivencia y se les hizo objeto de torturas, humillaciones, abusos físicos y sexuales. Como consecuencia de estos actos, el comandante del Ejército de ese momento, general Reynaldo Castellanos, tuvo que presentar la renuncia a su cargo. En marzo de 2008, un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, llamó a juicio a los oficiales subtenientes Javier Arturo Pachón Reina, Hair Alexander Monroy González y Cristián Camilo Barrera Echeverri, para responder por los delitos de tortura agravada y lesiones personales. En este proceso la fiscalía había acusado en 2007 a otros 17 militares, entre soldados profesionales, suboficiales y oficiales.

5 Según el Washington Times en 2003, Jessen dio una conferencia titulada ”Coping with isolation in a hostage environment” dentro de la programación de un seminario que se llevó a cabo en Maui, Hawai y del que también participó Mitchell.

6 Una corta biografía de Martin E.P. Seligman se puede encontrar en la página del Centro de la Psicología Positiva en la Universidad de Pennsylvania. http://www.ppc.sas.upenn.edu/bio.htm

7 En una carta a sus amigos fechada en julio 14 de 2008, el psicólogo, E. P. Seligman se defendió de las acusaciones que hizo Jane Mayer en su libro The Dark Side, la carta decía: ”The allegation that I ”provided assistance in the process” of torture is completely false. I gave a three-hour lecture sponsored by SERE (the Survival, Evasion, Resistance, Escape branch of the American armed forces) at the San Diego Naval Base in May 2002. My topic was how American troops and American personnel could use what is known about learned helplessness and related findings to resist torture and evade successful interrogation by their captors. I was told then that since I was (and am) a civilian with no security clearance that they could not discuss American methods of interrogation with me. I have not had contact with SERE since that meeting. I have not worked under government contract (or any other contract) on any aspect of interrogation or any aspect of torture. Mr. Mitchell and Mr. Jessen were present in the audience of about 50 others at my speech, and that was, to the best of my knowledge, the sum total of my ”assisting them in the process.” I have had no contact at all with the American Psychological Association about their relevant policies. As of today, I have not seen Jane Mayer’s book, only the blogs. If necessary, I will comment further on its contents. Most importantly, I strongly disapprove of torture and have never and would never provide assistance in its process”. Esta carta se puede encontrar en la página web de Coaching Toward Happiness. http://coachingtowardhappiness.com/AHC/cth-news-july-2008.htm

8 Estos documentos fueron hechos públicos en la sesión de Junio 17 de 2008 del Comité de Servicios Armados del Senado, el cual examinó por qué razón ciertas técnicas de interrogación llegaron a ser empleados por el ejército y la CIA. http://www.nytimes.com/packages/pdf/national/20080702_SASC.pdf

9 Una parte del video de la interrogación de Omar Khadr, quien en febrero de 2003 al momento de la grabación tenía 16 años, se hizo público por uno de sus abogados en 2008. http://video.on.nytimes.com/?fr_story=66c11a6d42171a59e41ad8f547a160ce54149ce2

10 Un abogado de Mitchell declaró que para nada esas eran sus teorías y que él nunca intentó aplicarlas de esta forma. Pero algunos colegas de Mitchell, como Steve Kleinman, quien es un Coronel en el Ejército, y quien había trabajado en el programa SERE, dijo que James Mitchell hablaba constantemente sobre usar el modelo de ”indefensión aprendida”.

11 Este manual, titulado en inglés Standard Operating Procedures for Camp Delta, fue filtrado en su totalidad y circula en Internet. Link: https:// secure.wikileaks.org/wiki/Gitmo-sop.pdf

12 El professor Alfred McCoy comentando sobre su libro A Question of Torture: CIA Interrogation, From the Cold War to the War on Terror, dijo sobre los manuales de interrogación del ejército: ”if you look at those techniques, what he’s ordering, in essence, is a combination of self-inflicted pain, stress positions and sensory disorientation. If you look at the 1963 CIA KUBARK Counterintelligence Interrogation Manual, you look at the 1983 CIA Interrogation Training Manual that they used in Honduras for training Honduran officers in torture and interrogation, and then twenty years later, you look at General Sanchez’s 2003 orders, there’s a striking continuity across this forty-year span in both the general principles: this total assault on the existential platforms of human identity and existence, and the specific techniques, the way of achieving that, through the attack on these sensory receptors (Democracy Now, 2006).” Link al manual de Contrainteligencia de la CIA KUBARK: http://www.scribd.com/doc/487663/CIAKubarkTorture-Manual

13 Al parecer en este interrogatorio hubo presencia de médicos y posiblemente psicólogos pero no se sabe aún con certeza quiénes fueron.

14 {Thank God this is a democracy. I actually and support all of the discussion and the debate. That’s why I wear this uniform, because I’m very, very proud of this democracy. So I want to thank Dr. Altman and his colleagues for having the courage to speak out, although I may disagree with many of the things they say. God bless America. Number two, torture is wrong. How could anyone disagree with that? So, under no conditions, with myself or any of these psychologists you see here today in the uniforms that they wear representing our country, would ever support anything that allows torture or inhumane treatment. Thirdly and lastly, if we remove psychologists from the front, in any capacity whatsoever, innocent people are going to die. Innocent people are going to get hurt. Phil Zombardo told us this was going to happen thirty years ago. And so, in going back through the chronicles of histories, any detention facilities we’ve set up anywhere in the world, when you don’t have psychologists involved in the policy decision makings, when you don’t have psychologists involved in the day-to-day activity, bad things are going to happen, innocent people are going to die.}

15 Texto del Referendum: {PETITION RESOLUTION: We the undersigned APA members in good standing, pursuant to article IV.5 of the APA bylaws, do hereby petition that the following motion be submitted to APA members for their approval or disapproval, by referendum, with all urgency: Whereas torture is an abhorrent practice in every way contrary to the APA’s stated mission of advancing psychology as a science, as a profession, and as a means of promoting human welfare. Whereas the United Nations Special Rapporteur on Mental Health and the UN Special Rapporteur on Torture have determined that treatment equivalent to torture has been taking place at the United States Naval Base at Guantánamo Bay, Cuba. [1] Whereas this torture took place in the context of interrogations under the direction and supervision of Behavioral Science Consultation Teams (BSCTs) that included psychologists. [2, 3] Whereas the Council of Europe has determined that persons held in CIA black sites are subject to interrogation techniques that are also equivalent to torture [4], and because psychologists helped develop abusive interrogation techniques used at these sites. [3, 5] Whereas the International Committee of the Red Cross determined in 2003 that the conditions in the US detention facility in Guantánamo Bay are themselves tantamount to torture [6], and therefore by their presence psychologists are playing a role in maintaining these conditions. Be it resolved that psychologists may not work in settings where persons are held outside of, or in violation of, either International Law (e.g., the UN Convention Against Torture and the Geneva Conventions) or the US Constitution (where appropriate), unless they are working directly for the persons being detained or for an independent third party working to protect human rights[7].}

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